sábado 18 de octubre de 2008

De conversaciones con la alpargata

Mauricio Rosencof

49

Yo conocía la risa:
era como
            la piel
                 del vino
rozando el paladar.
Yo conocía la risa,
barquito
                  de papel
perdido
            en  alta
                 mar.


98

Mar
y luna
y ella
penetran
sutiles
azules
los poros
del muro.
Se mece bajo el cielo
sólido
del tenso
conjuro.

99

Flamea 
una 
gaviota,
un barco
se aleja.
Reja-muro
andamos
y andamos
muro-reja

115

Mi astillero te envía este barco, amor,
es de papel:
ni navíos de quilla dura
ni veleros de proa afilada
quedan.
Tan sólo un barquito de papel, amor,
y esta voluntad 
entera
de volver a navegar.

lunes 6 de octubre de 2008

CALMA


x Eliseo Diego

Este silencio,
blanco, ilimitado,
este silencio
del mar tranquilo, inmóvil,

que de pronto
rompen los leves caracoles
por un impulso de la brisa,

Se extiende acaso
de la tarde a la noche, se remansa
tal vez por la arenilla
de fuego,

la infinita
playa desierta,
de manera

que no acaba,
quizás,
este silencio,

nunca?

domingo 21 de septiembre de 2008

Se canta al Mar

Nicanor Parra

Nada podrá apartar de mi memoria
La luz de aquella misteriosa lámpara,
Ni el resultado que en mis ojos tuvo
Ni la impresión que me dejó en el alma.
Todo lo puede el tiempo,sin embargo
Creo que ni la muerte ha de borrarla.
Voy a explicarme aquí, si me permiten,
Con el eco mejor de mi garganta.
Por aquel tiempo yo no comprendía
Francamente ni cómo me llamaba,
No había escrito aún mi primer verso
Ni derramado mi primera lágrima; 
Era mi corazón ni más ni menos
Que el olvidado kiosko de una plaza.
Mas sucedió que cierta vez mi padre
Fue desterrado al sur, a la lejana
Isla de Chiloé donde el invierno
Es como una ciudad abandonada.
Partí con él y sin pensar llegamos
A Puerto Montt una mañana clara.
Siempre había vivido mi familia
En el valle central o en la montaña,
De manera que nunca, ni por pienso,
Se conversó del mar en nuestra casa.
Sobre este punto yo sabía apenas
Lo que en la escuela pública enseñaban
Y una que otra cuestión de contrabando
De las cartas de amor de mis hermanas.
Descendimos del tren entre banderas
Y una solemne fiesta de campanas
Cuando mi padre me cogió de un brazo
Y volviendo los ojos a la blanca,
Libre y eterna espuma que a lo lejos
Hacia un país sin nombre navegaba,
Como quien reza una oración me dijo
Con voz que tengo en el oído intacta:
"Este es, muchacho, el mar".El mar sereno,
El mar que baña de cristal la patria.
No sé decir por qué, pero es el caso
Que una fuerza mayor me llenó el alma
Y sin medir, sin sospechar siquiera,
La magnitud real de mi campaña,
Eché a correr, sin orden ni concierto,
Como un desesperado hacia la playa
Y en un instante memorable estuve
Frente a ese gran señor de las batallas.
Entonces fue cuando extendí los brazos
Sobre el haz ondulante de las aguas,
Rígido el cuerpo, las pupilas fijas,
En la verdad sin fin de la distancia,
Sin que en mi ser moviérase un cabello, 
¡Como la sombra azul de las estatuas!
Cuánto tiempo duró nuestro saludo
No podrían decirlo las palabras.
Sólo debo agregar que en aquel día
Nació en mi mente la inquietud y el ansia
De hacer en verso lo que en ola y ola
Dios a mi vista sin cesar creaba.
Desde ese entonces data la ferviente
Y abrasadora sed que me arrebata:
Es que, en verdad, desde que existe el mundo
La voz del mar en mi persona estaba.

Extracto de la novela mater dulcísima

Possidonio Cachapa

Partieron por la mañana temprano. La madre se quedó viéndolos por la ventana, con el pañuelo lleno de lágrimas en la nariz. Tomaron la carretera del norte, pero algunos kilómetros más adelante, sin decir una palabra, Augusto padre giró hacia la izquierda, hacia una carretera regional.

-¿Papá, adónde vamos? No es por aquí... -balbuceó el niño.

Augusto sonrió, le tocó la nariz con la punta del dedo y aceleró el coche. Dos horas después estaban en la costa. Las dunas desiertas eran agitadas por un viento caliente. Augusto salió del coche, se quitó los zapatos y corrió por la arena.

El pequeño José Augusto estaba boquiabierto. ¿Quién era aquel desconocido que corría con los ojos brillantes a través de las dunas?

Augusto corrió hasta el mar, con los pantalones arremangados mojándose al contacto de las olas, dando vueltas, con los ojos cerrados, como si el mundo fuese nuevo para él.

Después, más calmado, volvió junto a su hijo. Por primera vez lo abrazó con fuerza.



miércoles 10 de septiembre de 2008

Golondrinas

Homero Arce (1)

De repente navego en el latido
de las olas de un mar abandonado
y el barco por el viento perseguido
es sólo un corazón atormentado.

Miro entonces el reino sumergido,
por un rayo de luna derribado.
Regresan golondrinas del olvido
con tu nombre en el pecho dibujado.

Del recuerdo se encienden las señales
y una pálida hoguera de glicinas
fosforece en los últimos cristales.

Y estoy solo, viajero solitario,
frente a un marco de cielo y golondrinas,
con tu nombre, callado campanario.




(1) Homero Arce fue amigo, secretario personal de Pablo Neruda  y el corrector de gran parte de sus textos. Este soneto pertenece a su unico libro impreso Los íntimos metales/Sonetos de Homero Arce, libro completamemte ilustrado por Neruda y editado en diciembre de 1963 por Thiago de Mello.

domingo 7 de septiembre de 2008

Gonzalo Rojas

La costa

Un tío mío que murió de resurrección (Borges)
es al que más veo en el aire, se me aparece
al menor descuido
con una carta en la mano, ¿qué habrá
en esa carta?

Lo cruel es la voladura, voy a
hablarle, a
preguntarle algo y adiós;
queda el hueco no más de él sin aura
con este frío.

Toco entonces mi corazón y es el cajón
el que resuella, ánimo
me digo, total no hay irreparable
y al oleaje coraje, remo
y más remo.

Lo que más veo en esta costa es agua
al revés de lo que siento,
vaivén y agua, unas rocas
repentinas, dos o tres barcas
con muertos

Konstantino Kavafis

Itaca

Cuando partas hacia Itaca
pide que tu camino sea largo
y rico en aventuras y conocimiento.
A Lestrigones, Cíclopes
y furioso Poseidón no temas,
en tu camino no los encontrarás
mientras en alto mantengas tu pensamiento,
mientras una extraña sensación
invada tu espíritu y tu cuerpo.
A Lestrigones, Cíclopes
y fiero Poseidón no encontrarás
si no los llevas en tu alma,
si no es tu alma que ante ti los pone.

Pide que tu camino sea largo.
Que muchas mañanas de verano hayan en tu ruta
cuando con placer, con alegría
arribes a puertos nunca vistos.
Detente en los mercados fenicios
para comprar finos objetos:
madreperla y coral, ámbar y ébano,
sensuales perfumes, -tantos como puedas-
y visita numerosas ciudades egipcias
para aprender de sus sabios.
Lleva a Itaca siempre en tu pensamiento,
llegar a ella es tu destino.
No apresures el viaje,
mejor que dure muchos años
y viejo seas cuando a ella llegues,
rico con lo que has ganado en el camino
sin esperar que Itaca te recompense.

A Itaca debes el maravilloso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino
y ahora nada tiene para ofrecerte.
Si pobre la encuentras, Itaca no te engañó.
Hoy que eres sabio, y en experiencias rico,
comprendes qué significan las Itacas